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jueves, 19 de abril de 2012

Acercamiento a la figura del general Amarelle


Pedroñeras 30 Días, nº 105, julio de 2010

¿Quién sería este “general Amarelle” que da nombre a una de nuestras calles? Cuestiones como ésta me planteo yo a veces, simplemente observando la realidad próxima que nos rodea, la de nuestro pueblo, y acto seguido, o habiendo dejado reposar la duda un tiempo, me pongo manos a la obra en la averiguación que me saque de la ignorancia si es que esto está a mi alcance. ¿Qué significó para nuestro pueblo este nombre para merecer el de una calle? El caso es que no es que me interese en demasía el mundo castrense, pero me deleito con la investigación y en ello andamos: intentando indagar en este Universo a pequeña escala que viene a ser también un pueblo.

sábado, 14 de abril de 2012

El otro alcalde de Pedroñeras (en Bocetos de brocha gorda, de Polo y Peyrolón)

Pedroñeras 30 Días, número 104, junio de 2010





           Por los mismos años en que el dramaturgo Emilio Mozo de Rosales escribía y veía representada su obra El alcalde de Pedroñeras, el prolífico escritor conquense Manuel Polo y Peyrolón (Cañete, 11 de junio de 1846) daba a la imprenta una recopilación de cuentecillos y artículos de corte realista-costumbrista que titularía Bocetos de brocha gorda. Corría el año de 1886 (por errata –no subsanada en la ficha de la Biblioteca Nacional– se editó como del año 1866). A esos doce “bocetos”, Polo y Peyrolón añadió, al menos que yo sepa, seis breves relatos más, en edición independiente de 1902 que poseo.

viernes, 13 de abril de 2012

Nota importante a los lectores del 30 Días: sobre Julián Escudero Picazo


Pedroñeras 30 Días, número 103, mayo de 2010

            Se está preparando la reedición del libro Rusticidaes Manchegas (editado en 1936) del escritor pedroñero Julián Escudero Picazo (publiqué hace un par de meses un artículo en este medio sobre su obra). Se trata de un libro de poesía extraordinario con un valor importantísimo para nosotros pues es fiel reflejo del habla de nuestro pueblo por aquellos años.

El topónimo Belmonte (y II)


Pedroñeras 30 Días, número 103, mayo de 2010

            Prometí rematar el mes pasado el artículo en el que se pretendía dilucidar el origen del topónimo Belmonte, y en esta segunda y última entrega así lo haré. Como ya indiqué, no se trata sino de una revisión del artículo publicado por mí en la revista belmonteña El Atrio (nº 23, de mayo de 2009).
            Hablaba yo en el número anterior de este periódico de la versión que el filólogo Álvaro Galmés de Fuentes daba al respecto. De cómo el nombre de Belmonte no hacía referencia a un ‘bello monte’ (como pudiera pensarse), sino que el aparente prefijo bel no aludía sino a una raíz celta con el significado de ‘brillante, claro, blanco’. Apoyaban su tesis las apreciaciones de Pascual Madoz al aludir en su conocido Diccionario Geográfico a las zonas calizas y de yeso cristalizado que se localizaban en las inmediaciones de este pueblo vecino.
            Lo que sigue es la continuación del artículo, en donde sigo acarreando el resto de las apreciaciones de Galmés de Fuentes y añado otras de mi propia cosecha.

Adiós al Chocete de Nablanca


Pedroñeras 30 Días, número 102, abril de 2010

            Las abundantes lluvias y nieves de diciembre y enero pasado han acabado con este chocete centenario de la zona de Las Lagunas. Estaba ya muy maltrecho el pobre, pero se respetó cuando se ensanchó la carretera de Las Mesas en estos años pasados. Se mantenía, no obstante, a duras penas, con ese boquete lateral que tenía ya desde hacía años y con sus piedras ya peladas al descubierto como los huesos de un animal putrefacto, sin una cobertura adecuada que lo protegiese.
            Ejemplo de nuestra arquitectura popular rústica, este tipo de edificaciones va desapareciendo de nuestros campos porque los pastores ya no los usan y, en fin, porque tampoco se cuidan o restauran para que sigan en pie y puedan resistir los embates meteorológicos. Lo mismo ocurrió con el Chozo Marcelinejo, con el Quiebraízo, con el de Perona, con el de Araúz y con otros tantos. Ahora tan sólo ha quedado reducido a un montón de escombro y únicamente vivirá ya en la frágil memoria de los vivos. Yo me pregunto si no será responsabilidad de todos procurar salvaguardar lo que se ha de entender como bienes culturales. ¿Habrá al final que crear alguna asociación que vele por estos intereses que nos incumben a todos como pueblo? ¿Convendría hacer un catálogo de todo aquello que en nuestros campos hay que conservar?



©Ángel Carrasco Sotos


El topónimo Belmonte (I)


Pedroñeras 30 Días, número 102, abril de 2010

            En los números correspondientes a noviembre y diciembre de 2007 de nuestro periódico local Pedroñeras, 30 días, publiqué sendos artículos en los que di cuenta de los tanteos (creo que llevados por buen camino) efectuados en torno al origen del nombre de nuestro pueblo, Las Pedroñeras. En el estudio sobre la toponimia pedroñera que estoy llevando a cabo con el ahínco y rigor que merece, es clave fundamental del trabajo acercarme al esclarecimiento de cada uno de los nombres que dan título a los parajes de nuestros campos, trabajo fatigado éste pues no siempre uno encuentra lo que desea, dadas las lagunas etimológicas o discordancias con respecto a las mismas que en esta disciplina lingüística aún existen.
            El año pasado, hice una incursión en el origen del nombre de un pueblo vecino, Belmonte, cuyas conclusiones fueron recogidas en la revista belmonteña El Atrio (nº 23, de mayo de 2009). Pensando que tales elucubraciones puedan interesar a las gentes de nuestro pueblo, las traeré a este periódico, en dos artículos para no atosigar de erudición excesiva a quien espera la deleitosa lectura mensual que este loable medio ofrece como mejor y buenamente puede.
            A continuación expongo el texto de tal artículo, cuyo contenido, como podrá comprobarse, parte de los trabajos del académico Álvaro Galmés de Fuentes.

La obra de Juliana Izquierdo Moya

Pedroñeras 30 Días, número 101, marzo de 2010





            Quizá en otra ocasión me ocupe en otro artículo en dar cuenta breve de la biografía de Juliana Corazón Izquierdo Moya, la ilustre maestra y escritora pedroñera que, como es sabido, cuenta con una calle en nuestro pueblo, y a la cual se le ha ofrecido un homenaje merecido el día de la Mujer, este mismo mes de marzo.
            Ahora tan sólo me ocuparé de repasar sus publicaciones, para que se tenga una idea cabal de lo que fue su quehacer literario más allá de su labor docente.
            [Indico con asterisco (*) aquellas publicaciones que yo poseo].

La obra del escritor pedroñero Julián Escudero Picazo


Pedroñeras 30 Días, nº 100, febrero de 2010



            También nosotros los pedroñeros tuvimos a nuestro Gabriel y Galán particular. Fue sin duda Julián Escudero Picazo, escritor y periodista que desarrolló con plenitud su escritura durante los años 20 y 30 del siglo XX, el que mejor supo llevar a la escritura de sus cuentos, poemas, sainetes y artículos el habla pedroñera. Maravillado, asombrado, he quedado después de leer sus Rusticidaes manchegas (campo y ciudá) del que más abajo hablaré.

Presentación de Pedro Cerrillo del libro Cancionero popular de la Mancha conquense (texto leído en Cuenca)


Pedroñeras 30 Días, número 99, enero de 2010




Sobre el CANCIONERO POPULAR DE LA MANCHA CONQUENSE, de Ángel Carrasco


                     LA LITERATURA ORAL EN EL SIGLO XXI

Pedro C. CERRILLO
(Universidad de Castilla La Mancha)
                                                                                    
         Hoy decimos que el saber, la cultura y las historias se encuentran en los libros, es decir escritas. Pero nos olvidamos que, durante muchísimo tiempo, los hombres no dispusieron de libros que pudieran guardar todo eso. En esos momentos, los pueblos y los hombres guardaban en la BIBLIOTECA de la MEMORIA lo que les ocurría, lo que les contaban o lo que sabían, y lo transmitían de boca a oído a los demás hombres y a los demás pueblos.

miércoles, 11 de abril de 2012

¡Viva la quinta del 69!


Pedroñeras 30 Días, número 99, enero de 2010

Era sábado, 26 de diciembre, hacía frío, ¡pero allí estábamos un buen puñado de nacidos en este año para celebrar nuestro 40 aniversario! Unos no pudieron venir, otros quizá no quisieron; sus razones tendrían. Lo que sí aprendimos todos aquella noche es que es necesario reunirse de vez en cuando para compartir algo que sólo los que allí nos congregamos teníamos en íntima propiedad: el secreto de haber crecido con unos recuerdos que únicamente a nosotros nos pertenecen; a nadie más. La vieja infancia, la escuela, los juegos de recreo y de calle, afectos y desafectos, todo ese tesoro bien guardado en nuestra memoria, todo lo que constituyó aquellos años pasados, en definitiva, volvió a brotar como un manantial necesario en las conversaciones (del mismo modo que ocurre en los sueños). Y, creado ese clima, la cosa no podía terminar en otra cosa que en fiesta y de las gordas, en un regocijo y una alegría tan persistente que a algunos los sorprendió incluso la madrugada.

Antonio Jiménez Izquierdo y su milagroso bálsamo (II)


Pedroñeras 30 Días, número 99, enero de 2010

Donde se siguen ofreciendo noticias decimonónicas del afamado pedroñero Antonio Jiménez Izquierdo.

Noticia de Antonio Jiménez Izquierdo y su milagroso bálsamo (I)


Pedroñeras 30 Días, número 98, diciembre de 2009
           
            Quizá vosotros no lo sepáis (yo tampoco hasta hace poco, lo confieso), pero en la primera mitad del siglo XIX hubo un pedroñero que dio a conocer un bálsamo curativo de heridas que pronto se hizo famosísimo en la corte por sus raras y prodigiosas propiedades, lo que hizo que se pudiese vender a muy elevado precio. Este calmante o pócima le valió a su creador, Antonio Jiménez Izquierdo, incluso una pensión vitalicia de 300 ducados (cantidad que no era moco de pavo, aclaro).

Un poema de Gabriel Iniesta

Pedroñeras 30 Días, número 97, noviembre de 2009






El nombre de este sacerdote pedroñero asesinado en la Guerra Civil ya ha parecido en varios de mis artículos. Por lo que se refiere a su vena poética, recordad que compuso aquel poema laudatorio de cuando la inauguración del busto del aviador laureado, en julio de 1933 (que yo publiqué en agosto de 2005 en este medio). Hace poco encontré otro poema suyo, esta vez publicado en el periódico El defensor de Cuenca de noviembre de 1931. Se tituló “Mis Consejos” y estaba dedicado, litaralmente, “Al muy amable Fernandito Pelayo Torres, con motivo de su 1ª comunión”. Este es el poema:

Huertas antiguas de Pedroñeras


Pedroñeras 30 Días, número 97, noviembre de 2009

Estoy dando los últimos retoques al trabajo que sobre la toponimia pedroñera llevo realizando desde hace ya unos cuantos años. En la entrada de cada topónimo recojo, aparte del nombre, la localización del mismo, el origen de su denominación (si la conozco), el estado del referente si se trata de una edificación o construcción y otros datos de lo más variado.

El alcalde de Pedroñeras


Pedroñeras 30 Días, número 96, octubre de 2009


         
Hay ocasiones en que, cueste lo que cueste (entendedme), una obra literaria necesita de una reedición, y ésta que ahora presento es una de ellas por el sólo hecho de constituir un bien cultural para nuestro pueblo. Yo juzgué en su día que la titulada El alcalde de Pedroñeras, del dramaturgo del siglo XIX Emilio Mozo de Rosales, que hace poco tiempo descubrí con inusitado júbilo, era depositaria per se de esta dignidad, y, sin duda, existía una exigencia moral por nuestra parte de que viese de nuevo la luz, y además aquí, en el lugar en que transcurren los hechos. No lo hacía desde 1865, cuando se publicó en Madrid, y posiblemente ni un ejemplar de lo que sería una corta tirada llegaría a nuestro pueblo (ni en la Nacional ni en librerías de viejo he podido encontrarla, pese a que, de hecho, se vendió en las librerías madrileñas de la época).

jueves, 5 de abril de 2012

Más sobre los muertos pedroñeros en la Guerra Civil: Alejandro García Vidal

Pedroñeras 30 Días, número 96, octubre de 2009


                                                                  Fotografía de Alejandro García Vidal (cedida por Inocencia Escudero Sotos).


En el listado que ofrecí hace unos números de uno y otro bando (y que voy renovando mes a mes con nuevas aportaciones (dado el interés popular y general que ha despertado), en el del llamado nacional aparecía Alejandro García Vidal, del que nadie sabía darme información, aunque tal nombre se pudo ver grabado en el arco de piedra de la entrada a nuestra iglesia con los otros de este mismo bando, según muestran las fotos de posguerra. Mi amiga y compañera Inocencia (siempre tan atenta) me hace el regalo de un recordatorio de él que guardaba por casualidad.

Más sobre el laureado aviador pedroñero Félix Martínez

Pedroñeras 30 Días, número 95, septiembre de 2009


Carlos Martínez Rubio tiene la gentileza de enviarme una copia del grueso de la entrada que el Diccionario Biográfico Español dedica a nuestro ilustre aviador, sobre el cual he publicado algún artículo (agosto de 2005) y una noticia de hemeroteca en donde se daba cuenta de la concesión de la laureada por su heroico comportamiento en Marruecos el 11 de mayo de 1926. 

Más sobre los muertos pedroñeros en la Guerra Civil


Pedroñeras 30 Días, número 95, septiembre de 2009

            Parece que el artículo dedicado a los muertos pedroñeros en la Guerra Civil ha despertado mayor interés del que preveíamos y las correcciones y añadidos nos siguen llegando, casi todos por mediación de José Mª Araque, siempre en la brecha.

La "venía" del 48 (según datos de José Mª Araque)


Pedroñeras 30 Días, número 94, agosto de 2009

            José Mª Araque tenía 22 años cuando ocurrió la anterior riada en Pedroñeras, que según él se conoció como “la venía grande”. Estaba haciendo la mili en la Seo de Urgel y llegó al pueblo de permiso el día  17 de mayo de 1948 (daban 25 días de verano). Fue el día siguiente, por la tarde, cuando el pueblo se vio inundado de agua, como si ésta lo estuviese esperando a él.
            Dice José María que no apedreó, como sí lo hizo esta vez [en la riada de 2009], y, aunque fue mayor, tampoco hizo los destrozos de ahora (quizá porque en las zonas más afectadas antes no había casas). El agua venía clara y no con tanta broza y llegó hasta los brazos de la cruz del Coso. No obstante, hubo que lamentar algunas desgracias o infortunios, de las que daré cuenta según me las explica mi interlocutor.
            Me dice que a José Mª Bacete “Pinela” se le ahogó una mula en la Cañá Vieja y una borrica en el Coso al hermano “Cofia”, a quien también se le llenó un baúl lleno de azafrán que tenía en su casa y se le echó a perder.
            Eusebio “Chinchirrito”, que vivía también en el Coso, tuvo que sacar a nado, y subido en una caballería, a un macho y dos mulas que tenía, llevándolas hacia donde el agua corría a un nivel más bajo. También el “Garrotero” tuvo que sacar de la posada muchas ovejas para evitar que se ahogasen.   
             A Adolfo Martínez Chicano se le llenó el sótano de agua en la actual farmacia; y me dice que se hundieron los corrales de Isidoro Pacheco y Jacinto “Caza” por causa del empuje del agua.
            El agua volcó también dos camiones, uno de ellos al menos cargado de albarillos.
            Pero la riada causó otras pérdidas de mayor lamento, pues en la carretera de La Alberca, a la altura de la Cañá los Peces se ahogó un camionero de San Clemente; y me cuenta que una mujer, llamada María Parra, casada con Eloy Martínez “Carlillos”, murió del sobresalto de esta llamada “venía grande” que a todos causó esa mezcla de espanto y alborozo, dependiendo de las circunstancias personales de cada uno, claro. Desde luego, como entonces, la riada trajo conversación sin límites, y al ocurrir ésta última los corrillos de viejos no han dejado de comentar la anterior, recordando lo que entonces pasó y comparándolo que con lo que ésta ha traído.

©Ángel Carrasco Sotos.

En el artículo anterior se daba la fecha de 1947 erróneamente, lo que fue rectificado en el número siguiente por José Mª Araque. Esta fue la nota:



LA VENÍA DEL 48 (rectificación)

En este mes de septiembre de 2009 quiero y debo rectificar alguna cosilla publicada en el número anterior. No es que tenga mucha importancia para mí, pero no estoy a gusto y quiero que todos los que leen este periódico del Pedroñeras 30 días, así como el pueblo en general, sepan que las aguas caídas la vez anterior, las de la “venía grande”, no fueron en el 47, sino en 1948. La culpa sólo es mía porque soy un poco blando y me dejo fácilmente convencer. Unos días después de llevar el escrito al periódico me junté con varios de mi edad y salió a relucir el tema, y como en la canción de La Parrala unos decían que sí y otros decían que no, y entonces yo, que soy el equivocado, me puse un poquito nervioso y deshice lo que estaba bien hecho. Hablé con la simpática Ofelia para rectificar la fecha. Yo sé que rectificar es de sabios, pero rectificar tantas veces ya no sé de qué es.
            Parece ser que tampoco la mula de “Pinela” se ahogó ese año, sino otro que no saben aclararme.
         Dicho esto, y aclarada la cuestión, me gustaría aprovechar para dar las gracias a la Asociación de Vecinos por el honorable premio que me dieron.
         Otro mes prepararé algo que guste (al que le parezca bien), y al que no le guste, como dicen los andaluces, “que se joa”.

José Mª Araque Fernández.

Nota de revisión del artículo dedicado a los muertos en la Guerra Civil española


Pedroñeras 30 Días, número 94, agosto de 2009

Del listado ofrecido en el artículo del mes pasado referente a los muertos en la Guerra Civil española, hay que hacer las siguientes rectificaciones y ampliaciones, todas referentes a muertos del bando republicano en el frente:

Muertos de Las Pedroñeras en la Guerra Civil española


Pedroñeras 30 Días, número 93, julio de 2009

Ofrezco para su revisión y posible ampliación los datos que he recopilado sobre los muertos de uno y otro bando de o en Las Pedroñeras durante el transcurso de la Guerra Civil (1936-1939). Añado además el listado de fusilados tras la guerra, de los republicanos huidos a Francia, de los muertos por el Maquis y de los pedroñeros que intervinieron en la Segunda Guerra Mundial con la División Azul.

Noticia sobre el cura pedroñero Tiburcio Sáez


Pedroñeras 30 Días, número 92, junio de 2009

He tropezado con este nombre casualmente, cuando ojeaba el artículo de Juan A. Sánchez Belén titulado La Capilla Real de Palacio en la crisis del Antiguo Régimen: 1808-1820 que, todo hay que decirlo, me salió al paso en Internet cuando buscaba otra cosa.

El habla de Las Pedroñeras - Vientos pedroñeros


Pedroñeras 20 Días, numero 91, mayo de 2009

En el artículo se exponen diversos aspectos relacionados con el viento muy propios del nuestro lugar y dignos de ser recogidos por escrito.

Elogio del microrrelato


Pedroñeras 30 Días, nº 90, abril de 2009

Siempre he sido un gran aficionado a la lectura del relato corto, del cuento, sobre todo cuando ha venido de plumas que a mí siempre me admiraron: Borges, Onetti, Rulfo... y, sobre todo, Cortázar, Julio Cortázar (argentino, † 1984, cuyo 25º aniversario de su muerte se conmemora este año) por encima de cualquier otro.

lunes, 2 de abril de 2012

Una tarde con el guarda del Monte, Alejandro Parra "Marmeto"




Cuando a la hora fijada voy a recogerlo a su casa con el coche, esta tarde de febrero, él ya me espera junto al Pozo Nuevo. Me dice que aguarde, y entra a su casa para coger una garrota. Sale de nuevo y me pregunta si llevo agua. Entra de nuevo en su casa y sale con una botella en la mano. “De comer a lo mejor, pero agua nunca me falta cuando voy al campo”. Mientras se despoja de la pelliza, decidimos encaminarnos hasta el monte por el Camino de Villarrobledo, junto al que me sitúa con precisión el Pico los Lagartos. Ya desde aquí puede verse, al fondo, el Monte de Jareño, La Camarilla, donde ha ejercido como guarda durante 32 años, “desde el año 70 hasta que me jubilé, hermoso, hace 7 años”. Hay que decir que el testigo lo ha cogido con buena mano su hijo Julián, que vive en la casa principal del monte junto con su familia: su mujer, Asunción, y sus hijos, Jonathan y Abraham, quienes me han servido en ocasiones de fieles mediadores en la anotación de topónimos.

Alejandro Parra me expone por el camino sus sentires con respecto a la poca importancia que al monte se le ha dado como expendedor gratuito de oxígeno a manos llenas (¡con qué otros ojos cuenta el monte este hombre!). No solo la escasez de lluvias ha mermado su esplendor, también los numerosos pozos que han ido bajando el nivel freático de las aguas del subsuelo. Si el monte no se encuentra mejor –y doy fe de que está más lozano con las copiosas aguas caídas estos días, como despertando hacia una nueva y recobrada juventud– es porque quizá, también hay que decirlo, no se cuide lo suficiente. Trabajo en él desde luego no faltaría si, como me indica, mediante un rajeo de los tocones cortados, se consiguiese que éstos brotaran al poco tiempo y no anduviesen secos como a la vista se muestran.

La bondad meteorológica del día marca el bienestar. El tiempo transcurre apacible con la conversación amena y productiva de Alejandro. Y es que más de una treintena de años dan para contar mucho sobre la convivencia con esta enorme masa de pinar con su poco de carrasca. Me relata cómo ha tenido que rescatar a más de un perdido en mitad del monte. Esto da pie a enseñarme un método para que esto no me ocurra (mientras nos dirigimos a ver el Cerrillo Araque). “Si te fijas –me dice– en la parte norte del tronco de los pinos hay musgo y en la del mediodía no”. Me gusta el apunte y no creo que lo olvide nunca, por si acaso.

No puede dejar de aludir Alejandro al poco conocimiento que tienen algunos desalmados que van a descargar su basura al monte, o a los furtivos que no tienen otra cosa que hacer que arrimarse aquí para matar piezas ilegalmente. A unos y a otros (tampoco muchos porque siempre ha tratado de no quedar mal con nadie) les ha costado sus buenos dineros cuando se lo ha propuesto, cuando le han tocado descaradamente... las narices. Ese ha sido su trabajo y a él se ha debido durante esas tres largas décadas. Y gracias a ese esfuerzo y labor constante el monte ha estado vigilado y limpio, es decir, como a uno le gusta encontrárselo cuando se acerca a él para dar un paseo y recibir en la nariz esos efluvios de olores vegetales, húmedos ahora, que actúan en nuestro cuerpo como una infusión natural permanente.

Alejandro, que se conoce esto, ¿cómo no se lo va a conocer?, al dedillo, me lleva a ver La Sima, la Casa Dientes, ya completamente derruida, el pozo el Tieso entre la maleza, la Mata Grande con sus más de 20 pies y algún otro punto que no tengo anotado en mis mapas y minutas. Junto a la llamada Hoya el Gorrino me indica el lugar de una antigua carbonera, de las muchas, me dice, que aún pueden verse en el monte. En estas carboneras se elaboraba carbón de leña y picón para los braseros. “Hace unos 80 años se carboneó to el monte”, me asegura. Quiero apuntar que por todas partes se aprecian las pisadas y el resultado del hozar continuo de los jabalíes en busca de lombrices, cosa de la que me informa Alejandro puntualmente.

Mientras lo pateamos de acá para allá, el monte de los Jareño digo, y a buen paso, no crean, Alejandro se mueve esquivando los chaparros con una habilidad prodigiosa. No faltan numerosas anécdotas, unas de contar y otras no, pues este hombre es diestro también en el manejo de ese anecdotario íntimo, tanto como del natural uso del habla local de nuestro pueblo. De ese flujo continuo de palabras uno calcula cuántas cosas no me habrá dejado de contar, unas por necesidad y otras por falta de tiempo. Si desean saber la historia de estos últimos años del monte, de sus límites, caminos, y un largo etcétera que podríamos anotar aquí, no acudan a otro que a Alejandro Parra Gallardo.

El monte, ahora que la legislación vigente impide que se cometan contra él las barbaridades y tropelías que en los años 60 se hicieron con el resto, es decir, sacarlo para plantaciones y siembras (ahora de regadío), necesita del mimo, cuidado y valoración unánime de todos los vecinos. Hemos de agradecer sobremanera que los dueños de este monte (por causas que no nos importan) no lo roturasen como sí se hizo con La Moheda, La Pertusa, La Saleta, El Carrascal, el monte de Doval o el monte de Mendizábal, entre otros pedazos con nombre de esa inmensidad de pinar y monte bajo que aquí existía hasta los años 60 (¿Se imaginan que aún existiese esta extensión fascinante de mar verde? ¡Qué embeleso hipnótico no causaría el toparse con él al final de un camino aunque solo fuese para asomarse a su orilla, para lamer sus confines, para acariciar sus bordes, más aún si fuese nuestra decisión la de zambullirnos en él sin miramientos!). También hay que reconocer el afán meticuloso de Alejandro, de su hijo, así como del resto de los guardas que por aquí pasaron, por atender el monte y por vigilarlo hasta el extremo de que en los últimos cien años apenas se haya producido en él un incendio de consideración. 

Quiero agradecerle a Alejandro también su buena disposición para transmitirme todos sus conocimientos y una tarde tan amena e impagable. No sé si este humilde artículo podrá servirle de compensación. Yo sólo deseo que la salud lo mantenga en esa eterna juventud que parece portar en su habla, en sus movimientos y en su ilusión, no sé si fruto de esa convivencia tan profunda con la naturaleza viva del monte. Solo a nosotros nos toca ahora preservarlo y velar por su limpieza. Así sea.




[EPÍLOGO: Quizá resulte duro oír esto, pero el monte solicita que nadie entre en él, eso sería lo correcto, lo ideal: no entrar (o entrar como si no entrásemos); porque allí la vida vive por su cuenta, el tiempo tiene otro ritmo, el de la calma. Se trata de la magia de lo puramente natural, por eso allí las cosas suceden de otra forma, sin reparar en nada y sin pensarse: los hongos brotan sin que nadie los avise y sin ningún propósito, el tomillo exhala sus aromas sin esperar quien los reciba, las pocas piedras se erosionan quedamente, los piñones y las ramas secas se caen derrotados por su peso, y la fauna desconoce todo aquello que no es un día y una noche o el canto del viento en las aristas de los pinos. Para que todo eso suceda no nos necesitan, así que si nos internamos en su interior que sea en silencio, con sigilo, con la discreción, el respeto y la cautela (la educación iba a decir) del invitado en casa ajena, pues ese mundo no es el nuestro, no se nos necesita para nada, ya digo, y en él no somos sino unos extraños. Luego salid como si no hubieseis estado nunca en él, y que el monte siga igual que antes de que nosotros hubiésemos decidido adentrarnos en su sombra].

{Publicado en Pedroñeras 30 Días, número 89, marzo de 2009}

©Ángel Carrasco Sotos.

Escritores ilustres de Las Pedroñeras: Asunción de Zea Bermúdez y Montoya

Pedroñeras 30 Días, número 88, febrero de 2009



Como Asunción Zea-Bermúdez firma sus artículos nuestra paisana; muchos de ellos escritos en Las Pedroñeras, como ella misma hace constar. Nació el 2 de febrero de 1862 y murió en Madrid el 21 de agosto de 1936. Fue hija del matrimonio entre Fernando Francisco de Zea Bermúdez y Colombí (2º conde de Colombí), nacido en París en 1833 († La Habana, 1877) y Licenciado en Derecho, y de Rosaura Montoya y Perea (Mota del Cuervo, 18 de marzo de 1861-Las Pedroñeras, agosto de 1919). De tal matrimonio nació también Salvador. Doña Rosaura se casaría en segundas nupcias con don Rodolfo Pelayo.

domingo, 1 de abril de 2012

Vocabulario del cuerpo en el habla pedroñera

Pedroñeras 30 Días, número 86, diciembre de 2008

En el artículo se aporta y comenta el vocabulario específico que el pedroñero ha empleado tradicionalmente para designar a las partes del cuerpo humano.

Personajes ilustres de Las Pedroñeras: José Mª Álvarez-Mendizábal y Bonilla

Pedroñeras 30 Días, número 85, noviembre de 2008

Hijo de D. Juan Álvarez-Mendizábal y Cañavate (m. 1923), nació en Las Pedroñeras el 14 de agosto de 1891 y murió aquí mismo el 21 de febrero de 1965. Se presentó a las elecciones de junio de 1931 por la candidatura del partido llamado Conjunción Republicano-Socialista por Cuenca. Unos años más tarde (y unos meses antes de comenzar la Guerra Civil) llegaría a ser Ministro de Agricultura por el partido Radical (entre el 30 de diciembre de 1935 y el 2 de febrero de 1936, con el gobierno que presidió Manuel Portela), sucediendo en el cargo a Joaquín de Pablo-Blanco Torres. En 1936 se presentó como independiente. Una calle en Pedroñeras lleva su nombre. Fue bisnieto del conocido desamortizador decimonónico, cuyo hijo (y abuelo de nuestro personaje), Rafael, se casara con la adinerada pedroñera Salomé Cañavate Peña.

Un informante ideal: otra vez José María Araque

Pedroñeras 30 Días, número 84, octubre de 2008


Muchos son los problemas que se le presentan al dialectólogo a la hora de hacer acopio léxico o fraseológico de una zona determinada. Por supuesto, está el del desconocimiento (si lo hay) de la zona y, por lo tanto, de la cultura (en un sentido laso) de sus gentes: costumbres desusadas ya o no, objetos con que se ha trabajado, etc., indispensables para crear, a partir de esas referencias fundamentales, los campos léxicos a los que enfrentarse en esa recuperación siempre tan valiosa.